Educación Especial | Fundación Khanimambo https://fundacionkhanimambo.org Juntos en Mozambique por la calidad de vida de los niños. Mon, 17 Jan 2022 11:23:36 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.7.2 https://fundacionkhanimambo.org/wp-content/uploads/cropped-khani-144-32x32.png Educación Especial | Fundación Khanimambo https://fundacionkhanimambo.org 32 32 Pasión por educar https://fundacionkhanimambo.org/todas/blog/pasion-por-educar/ Mon, 06 Mar 2017 06:38:34 +0000 https://fundacionkhanimambo.org/?p=16980 Marta es brasileña, tiene 35 años y vive en España desde 2005. Es psicopedagoga especializada en personas con discapacidad. Es la segunda vez que viene como voluntaria y me gustaría destacar de ella además de su pasión por educar, su energía, su hiperactividad -mientras hablamos no ha parado de recortar letras de abecedario para los más peques- y que, cuando viaja, no sale de casa sin regalos para la gente que quiere, sin aceite de oliva virgen extra y sin un buen surtido de herramientas y material de ferretería.

Marta y Charlie, voluntarios de la Fundación Khanimambo

Marta y Charlie con niños en 2016

¿Cómo tú por aquí de nuevo, Marta?

En 2016 estuve aquí un mes y medio con estos niños y con este equipo y me di cuenta de que se podía hacer más. Hablé con Alexia con algunas propuestas para implementar y aquí estoy.

Cuéntanos un poco como es tu día a día en el Centro Munti.

Empezamos muy temprano. A las 6:45 ya estoy organizando las filas para el desayuno. Es algo que me encanta porque he descubierto que formando fila cantando canciones y haciendo cuatro juegos, los niños responden mucho mejor que con órdenes tipo «venga, todos a formar fila!». Me gusta mucho darles los buenos días. Después del desayuno intervengo en las clases con los educadores. He estado analizando un poco las dinámicas que utilizan para ver qué podemos mejorar. Otra parte muy importante de mi tiempo lo he dedicado a una niña muy especial que convive con un síndrome raro llamado X Frágil. En general trabajo mano a mano con el equipo educativo.

Club de Lectura en la biblioteca de la Fundación Khanimambo

Club de Lectura en la biblioteca de la Fundación Khanimambo

Uno de tus lugares favoritos del Centro Munti es la biblioteca…

Sí! La biblioteca es un espacio maravilloso al que se le puede sacar mucho partido. Vi que los libros estaban ordenados aunque no por temáticas infantiles y juveniles de forma que les pueda interesar, así que me arremangué y le dediqué un buen rato a dejarla atractiva. También he puesto en marcha el Club de Lectura, una actividad de todos los viernes que dedicamos a los talentos. Se puede hacer mucho: teatro de sombras, títeres, poesía, lecturas en grupo, ejercicios de comprensión lectora… Me gustaría que continúe cuando yo me vaya.

¿Y los sábados? ¡Has venido al Centro Munti todos los sábados!

¡No estoy aquí de vacaciones! (risas) He venido a trabajar y los sábados me ofrecen la oportunidad de acercarme a los profesores y de llevar a cabo dinámicas de grupo que, durante la semana, con la vorágine del día a día y el jaleo de los niños, es imposible. Los sábados los he dedicado a impartir formación docente, contenido educativo y fundamentación teórica a los educadores. Y todo desde un abordaje participativo. ¡Ha sido muy divertido! Hemos hecho papel reciclado, palomitas, jueguetes con botellas de plástico… me han dicho que una de las cosas que más le preocupa es como impartir clases con pocos recursos materiales. Y también hemos trabajado eso. Hemos llegado a la conclusión de que se pueden conseguir buenos resultados aprovechando nada más que el talento innato de los niños.

Marta y Alvina en el Centro de Salud de la Fundación Khanimambo

Marta ayudó muchísimo a Alvina en 2016

¿Cual ha sido el mayor desafío de tus voluntariados en Khanimambo?

Bueno, primero de todo tengo que decir que he notado un cambio muy positivo desde la primera vez que vine. Una de las cosas que sentí el año pasado es que el equipo educativo no tenía muy interiorizado un concepto fundamental de Khanimambo que es la «modernidad», el espíritu innovador que rompe con los moldes clásicos de la educación en Mozambique. Es algo muy dificil de conseguir, implantar un modelo así, porque los profesores no han tenido la oportunidad de conocer algo parecido antes, pero poco a poco va calando… Otro aspecto  al que hay que dedicar tiempo es a la aceptación e integración de niños y niñas con necesidades especiales. Alvina abrió camino en ese aspecto y hay que aprovechar todo este aprendizaje. Me he centrado bastante en ofrecer técnicas y pautas para orientar a los profes en ese sentido.

Marta con niños de la guardería de la Fundación Khanimambo

Marta con algunos niños de la guardería

La semana pasada en una reunión de profesores, vi que habías dibujado un esquema en la pizarra con las tareas específicas de cada uno. ¿Falta organización en Khanimambo?

El Centro Munti, como cualquier centro educativo, requiere de una organización meticulosa. El año pasado ya existía planificación y organización aunque, una vez más, el equipo no la aplicaba de forma óptima. Este año ha mejorado mucho y como siempre se puede ir un poco más allá creo que es importante que todo el mundo sepa donde tiene que estar en cada momento. No hay lugar a la improvisación cuando 300 niños te miran y quieren aprender de ti. Uno de los puntos flacos que he detectado es que el ritmo de trabajo va disminuyendo a lo largo del día, especialmente en esta temporada de calor, pero claro aquí hay dos turnos y los niños de la tarde merecen la misma atención que los de la mañana.

¿Nos dejas deberes cuando te vayas?

Todo lo conseguido hasta ahora es impresionante. Me quito el sombrero. Ahora lo que hay que hacer es mantener y seguir perfeccionando. Los profesores ya saben planificar y gestionar el tiempo, tienen esas nociones, y esto es algo positivo que se asimila con la constancia y con el trabajo diario. No se puede descuidar. Yo os animo a que sigáis trabajando como hasta ahora desde ese ambiente mágico que lográis tan rico en estímulos. Lo de los Miércoles de Cultura General es maravilloso, no tengo palabras!

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Te echamos de menos https://fundacionkhanimambo.org/todas/noticias/echamos-de-menos/ Mon, 23 Jan 2017 12:03:05 +0000 https://fundacionkhanimambo.org/?p=16804 Todavía con un nudo en la garganta y con muchísima tristeza os anunciamos que nuestra queridísima Alvina dejó de respirar el pasado 2 de enero, y la enterramos al abrigo de toda la familia Khanimambo. Hoy ha empezado el curso y es un día bonito y especial, aunque todos sentimos su ausencia.

Alvina, sobre la que hemos escrito en más de una ocasión (Cuando el sol ilumina, El carro de Alvina), convivía con una parálisis de la mayor parte de su joven cuerpo, a raíz de una meningitis que sufrió siendo muy pequeña. Alvina ha vivido 12 años más desde aquella fatídica fecha. Y en los últimos cuatro años hemos intentado por todos los medios devolverle parte de lo que había perdido.

Gracias a la dedicación, a los cuidados, a la paciencia y al amor que le dedicamos entre todos, conseguimos que sonriera de nuevo, que se comunicara mediante expresiones de alegría, de miedo, de sorpresa, de gratitud, de cansancio… Aprendió, o reaprendió, a masticar alimentos y también conseguimos que andara, pues cuando la conocimos, se había pasado siete años tumbada en un rincón, abandonada, sin mover ni un músculo.

Y andó, y nos maravillamos todos con cada nuevo paso que daba, por pequeño que fuera.

Finalmente, como tantas veces ocurre en este oficio, quienes más hemos crecido y aprendido a lo largo de este proceso, en todos estos años que Alvina nos ha acompañado, hemos sido nosotros: el equipo, los ahijados, los voluntarios, los padrinos…

Por ello, muchas gracias Alvina, KHANIMAMBO, por obligarnos a ser mejores personas a tu lado.

De parte de toda tu gran familia de Khanimambo te mandamos un besito y te deseamos felices sueños, pequeña.

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Alvineti, te quedas en mi corazón https://fundacionkhanimambo.org/todas/blog/alvineti-te-quedas-en-mi-corazon/ Mon, 02 Jan 2017 09:33:41 +0000 https://fundacionkhanimambo.org/?p=16808

Querida Alvineti

Te has ido, rápido, a una velocidad que no nos tenías acostumbrados.

Hoy he aprendido la diferencia que existe entre aquel cuerpo rígido que tenías, atrofiado por los más de diez años de parálisis, y el cuerpo sin vida que dejas dentro de una caja. El resto de lecciones me las has ido dando a lo largo de estos increíbles cuatro años que hemos pasado juntas desde el día que te conocí arrinconada en una casa, sin luz ni aire. Desde ese momento hasta el pasado viernes, te he intentado dar ambas cosas, y a través de Khanimambo y de las increíbles personas que están y que han pasado por aquí, te hemos podido dar dignidad.

Mi despedida hacia ti tiene forma de agradecimiento.

Conocerte me ha llenado de amor. Gracias por el enorme esfuerzo que has hecho por recuperarte, por confiar en mí y todo lo que venía conmigo, por darme tu mano aun cuando parecía que no tenía vida.

Al enterrarte hoy, he sentido profundamente tu liberación. Qué cruel puede ser la vida, y qué difícil nuestro papel por hacerla más digna.  Lamentablemente este mundo, querida Alvina, no estaba preparado para ti, y tú has sido fuerte y resistente. Una meningitis bacteriana sin tratar, una parálisis aguda, una familia extremamente pobre, un hospital sin condiciones ni voluntad, unos vecinos ignorantes en solidaridad y una madre agotada y vencida por el desespero de no entender nada.

Y ahí llegamos nosotros, que te recogíamos cada día a las 8.30. Si no era yo, era Eric, o Cris, o Tío Mondlane, o incluso Ismael. En Khanimambo, te recibía con mimo y delicadeza Diamantino y posteriormente Manuel ya con un desayuno preparado esperándote en el Salón Verde. Jara, Bea, Marta, Sergio, Esther, los voluntarios que te han dedicado horas y cariño. Paula que te bañaba como si cada día fuera tu primer baño porque se esmeraba y sonreía como nadie podría haber hecho mejor. Los profesores, principalmente Casimiro que se empeñaba en enseñarte a comer con cuchara, el espejo del Salón Verde, Sandrinha que te peinaba o todos los que te querían empujar en la silla de ruedas. Sandra y Fátima que lo han intentado todo por crearte un entorno mejor a través de sensibilizar a tu madre, y a Rose, tu última estrella. La masajista tailandesa que apareció en Xai-Xai para ti. Todos en Khanimambo, siempre para ti.

Alvineti, nos has dejado una huella imborrable. Tu ausencia nos deja un vacío gigante en nuestro día a día, en la rutina de Khanimambo y en los sueños que tenemos porque el mundo sea mejor que sólo podremos consolar, abriendo los ojos y sintiendo que a todos nos has conquistado y hecho mejores personas. Gracias Alvina. Te quedas en mi corazón, te quiero y no te voy a dejar salir.

Alexia y Alvina de la Fundación Khanimambo

Alexia con Alvina

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Una experiencia gratificante https://fundacionkhanimambo.org/todas/blog/una-experiencia-gratificante/ Mon, 02 Nov 2015 05:43:49 +0000 http://khanimambo.webseoymas.com/?p=13495

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Entrada escrita por Beatriz Vázquez Mouriño fisioterapeuta y voluntaria

Hace poco tiempo que llegué de África, ese continente con el que había tantas veces soñado ir. Unos años atrás ya había intentado ir de cooperante, pero no había sido posible ya que es un tanto difícil que a los fisioterapeutas nos acepten en sus hospitales. Las ganas por hacer ese viaje nunca cesaron y a principios de este año 2015 lo volví a intentar de nuevo, pensando que los programas de cooperación podrían estar cambiando y quizás se me abriese la posibilidad de conocer un país en el que poder trabajar con mujeres y niños. Mi objetivo además era un país de habla portuguesa, una lengua familiar para mí, ya que en su día me la enseñó mi abuela y me trae tan buenos recuerdos.

Puedo decir que un sueño que tenía se ha cumplido, gracias a la Fundación Khanimambo. Tan pronto los conocí y me aceptaron en su programa de salud en Xai-Xai, Mozambique, no dudé ni un instante en gestionar mi pasaporte e irme para allá todo el tiempo del que disponía.

Bea con Alvina Fundación Khanimambo

Bea con Alvina / Foto: Eric Ferrer

Al llegar conocí a Alvina, una niña de 15 años que no podía caminar. Al principio noté un poco de resistencia al intentar movilizarla, una resistencia que entiendo perfectamente, ya que de la noche a la mañana una extranjera completamente desconocida le estaba diciendo que había que caminar. Después de unos días, empecé a ir por su casa, ya que con su madre y hermanas la rehabilitación se hacía más llevadera. La familia colaboraba en todo. Yo llevaba música para mejorar su estimulación, aunque me caben dudas de si Alvina conservaba su audición.

Su hermana de 7 años, Felizarda, me preguntaba si algún día su hermana volvería a caminar. Entre todos trabajábamos mucho durante el tiempo que fui a su casa. Se respiraba en el ambiente una alegría compartida, puesto que el progreso de Alvina se notaba día a día. Empezó a levantarse sola por las mañanas, un progreso que me llenó de enorme satisfacción. Recuerdo que el acceso a su casa era complicado, ya que la rodeaban senderos de arena, sin facilidades de transporte público. ¡Qué bueno sería para Alvina tener un andador para poder desplazarse por su casa!

Todas las mañanas, muy tempranito, antes de empezar el tratamiento fisioterápico con Alvina, llegaba Lina, una adolescente con severa cojera que siempre traía puesta una ortesis. Lina llegaba caminando y arrastrando su pierna desde muy lejos, atravesando montañas de arena. Siempre cansada y sudando, aunque era invierno, el sol pegaba muy fuerte. Todos los días venía acompañada por su prima pequeña Melita, de unos 7 años, que también se interesaba por el estado de salud de Lina. A Lina le enseñé maniobras para mejorar la movilidad de su pierna.

Fisioterapia en Fundación Khanimambo

Bea tratando a Lina

Ella continuamente me regalaba bonitas cartas de agradecimiento. Lina era muy madura y poco a poco empezó a explicarme cómo había empezado su enfermedad, el tratamiento que realizaba en el hospital y cómo su pierna había mejorado desde que se subía a la bicicleta estática que había en el hospital. Hablando con ella podía ver cómo se le iluminaban los ojos cuando me hablaba de la bicicleta estática del hospital. Si ella pudiese tener una, seguro que se subiría diariamente para pedalear fuertemente y mejorar su movilidad. En mi cabeza rondaban bicicletas estáticas inutilizadas en España, bicicletas estáticas utilizadas de percheros, bicicletas estáticas arrinconadas en trasteros o garajes o aquellas que van directamente a la basura porque son tratos que ocupan y poco decoran.
Al poco tiempo de mi llegada, Alexia me puso en contacto con las madres y abuelas de los niños de Khanimambo e indagué sobre cómo habían sido sus múltiples partos y si querían empezar a trabajar su suelo pélvico. Allí los partos casi nunca son asistidos por otras personas y tampoco por personal sanitario.Así que empecé a trabajar con ellas.

Me desplazaba hasta las casas de tres madres jefas de la comunidad y allí nos fuimos organizando por grupos, ya que los espacios dentro de sus casas eran reducidos. Fuera da las casas había espacios especialmente bonitos, con arena, sombra de los árboles, pero en los que no era cómodo trabajar.

Madres de Fundación Khanimambo

Bea con algunas de las madres de Khanimambo

El primer día que intentamos realizar ejercicios, los hombres que pasaban por los caminos nos miraban y se reían de nosotras. Ellas me contaban que nunca habían hecho nada parecido y les daba vergüenza. Pero los días fueron pasando y con ellos la vergüenza; dejaban de usar las capulanas en las clases y venían con ropa cómoda. La alegría e interés se fue mostrando en sus rostros.

Ha sido un trabajo muy bonito y con buenos resultados, así que sólo me queda animar a todos los fisioterapeutas a tener una experiencia como esta. Queda mucho trabajo por hacer y es realmente una experiencia gratificante y enriquecedora; única. El día anterior a mi despedida de la “Escolinha”, una de las chicas que asistía al centro me confesaba sus planes de futuro, sus sueños. Ella también quería ayudar a la gente y había pensado que le gustaría ser también fisioterapeuta. Esa sería su futura profesión.

Así que de mi estancia me he llevado un aprendizaje; bonitos recuerdos, bonitas palabras y momentos gratificantes que sólo podrían haber ocurrido allí, en ese preciso momento y con la gente que me rodeaba.

Muito obrigada Alexia, Eric y todos los trabajadores de Khanimambo, a las madres y a sus hijos.

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