La Noche de los Museos
Cuando los alumnos se convierten en guías
El pasado sábado 10 de octubre, el Centro Munti se transformó durante unas horas en un gran espacio dedicado al arte, la historia, la arqueología, la ciencia y la tecnología. La Noche de los Museos reunió a niños, jóvenes y familias para celebrar el trabajo realizado a lo largo del año académico en los diferentes talleres del Centro.
La exposición se organizó alrededor de tres grandes museos: Arte, Historia y Arqueología, y Ciencia y Tecnología. Y como nos gusta en Khanimambo, quienes explicaban las obras, los experimentos y los diferentes periodos históricos fueron los propios niños y niñas.
Después de todos estos meses aprendiendo, investigando y creando, fueron ell@s quienes tuvieron la oportunidad de transmitir ese aprendizaje a sus familias.
Un viaje desde las cavernas hasta nuestros días
Por unas horas, recorrer el Centro Munti significó también viajar en el tiempo.
Los visitantes pudieron acercarse a la vida de los primeros seres humanos, al antiguo Egipto o a la Grecia clásica, encontrarse con representaciones de dinosaurios y descubrir diferentes momentos de la historia de la humanidad y las primeras civilizaciones.
El recorrido permitió también conocer figuras más actuales que han dejado huella en la sociedad, como Nelson Mandela, Martin Luther King, Malala Yousafzai o Samora Machel, y acercarse a la obra de artistas como Leonardo da Vinci, Pablo Picasso o Edgar Degas.
En el espacio dedicado a ciencia y tecnología, los niños y niñas explicaron cuestiones como el funcionamiento del sistema respiratorio humano o el proceso de tratamiento del agua para hacerla apta para el consumo, entre otros.
Crear el museo que no tenemos
La Noche de los Museos nació también de una realidad muy concreta. En Xai-Xai, el acceso a espacios museísticos es nulo, lo que reduce las oportunidades de niños, jóvenes y familias para acercarse de forma directa al arte, la ciencia, la historia o la tecnología.
Desde el Centro Munti decidimos convertir esa ausencia en una oportunidad educativa y crear nuestro propio museo.
Durante una tarde-noche, las aulas cambiaron de aspecto. Aparecieron obras, reproducciones, inventos, personajes históricos, experimentos y escenarios de otras épocas. El conocimiento salió de los libros para convertirse en algo que se podía observar, tocar, representar y explicar.
Aprender para después compartir
Un museo conserva memoria, pero lo más bonito es que también despierta preguntas. Permite mirar hacia atrás para comprender mejor el presente y abre nuevas formas de imaginar el futuro.
Eso fue precisamente lo que ocurrió el pasado sábado en el Centro Munti. Los conocimientos adquiridos durante todo el año encontraron un nuevo destino: pasar de los niños y niñas a sus familias y continuar circulando por la comunidad.
Sabemos que uno de los momentos más valiosos del aprendizaje llega cuando alguien descubre que ya sabe lo suficiente como para poder enseñárselo a otra persona.




