Así funcionan las cosas

Voy andando por la aldea. Es un día abafado, caluroso y húmedo como suelen ser los días de final de verano en esta zona de Mozambique. Al doblar una esquina oigo muchos gritos. Son gritos de desesperación de una mujer.

Vecinos y demás personas que pasamos por ahí corremos a ver que sucede. Mariazinha está completamente fuera de si. Balbucea palabras, está llorando y arremete contra el mundo entero. Algo gordo le ha pasado. Sus vecinos consiguen sujetarla, llevarla dentro de su terreno y la sientan debajo del árbol que da sombra.

Y entre sollozos nos explica que ha muerto “su hombre”. Al principio hay desconcierto, alguien se levanta a ver si el difunto está dentro de la casa pero no hay nadie. Veo muchas caras de interrogación. Y es que nadie sabía que Mariazinha tenía marido.

– No era mi marido. Aclara ella, mientra sigue llorando.

-Era mi amigo.

Enseguida empiezan las habladurías, las fofocas que dicen aquí. Parece que todos saben que este tal amigo tenía otra mujer. Que vivía lejos y solo venía cuando a él le apetecía. Que le gritaba y le pegaba. Sin ir más lejos, hace menos de una semana le dio una paliza. Todos los aquí presentes fueron testigos mudos hasta ahora.

Ella quiere ir al funeral en la tierra de él. Presentar los respetos a la familia. Entre todos intentamos que desista. Si va allí, nadie la conocerá, la interrogarán y probablemente le culpen a ella de la muerte de este hombre. Así funcionan las cosas aquí.

“Así funcionan las cosas aquí” me digo. Un hombre abusa a su antojo de una mujer. La maltrata, la insulta. No la respeta. Mucho menos la ayuda con sus necesidades domésticas. Tampoco es un intercambio de favores. Él muere y ella llora desconsolada. Es un caso que me ha impactado y que coincide en el tiempo con la polémica levantada por la aprobación de una ley en el parlamento mozambiqueño por la cual un violador saldrá impune de delito alguno si decide casarse al menos cinco años con la mujer que ha violado.

Mientras el gobierno no esté por la labor y no empiece a legislar y educar para la igualdad será imposible conseguir cambios positivos en este sentido. Deseo que la presión internacional y de las organizaciones que sí están para la defensa de los derechos de los colectivos más vulnerables surja efecto y esta ley no prospere. Es imperativo y necesario para la salud mental de las mujeres y para la salud mental de todos los mozambiqueños.

Por | 2016-10-26T19:02:56+00:00 19 de marzo de 2014|Etiquetas: , |

Sobre el Autor:

Eric forma parte de la Fundación Khanimambo desde 2007. En enero de 2009 se trasladó a vivir a Xai-Xai con Alexia y ahora los dos tienen tres hijas que educan conjuntamente a los niños y niñas de Khanimambo. Actualmente es el Director de Comunicación de la Fundación.

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